Funambulista

Ya me he convertido en el funambulista de tus sentimientos, y empiezo a conseguir el equilibrio imposible para no caer de la cuerda invisible que une tu retina y la mía. Disfruto de ese privilegio de hospedarme en tu tiempo, y aunque conozco de sobra cuales son los riesgos que guardas, y lo áspero que podrá ser que todo se derrumbe, sigo atravesando ese fino alambre para cada día llegar a la fuente de tus labios. Y ojala, vaya tanto el cántaro a la fuente que al final la fuente le ofrezca quedarse allí, pegado a su costado, no vaya a ser que se rompa, que ella no lo soportaría...

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